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Tres aspectos de la buena comunicación

Claridad, emocionalidad y lealtad al pensamiento, la combinación ideal para comunicarnos bien
 
Eso de saber usar las palabras cuando vamos a expresar nuestros pensamientos, sentimientos, emociones es algo que considero un arte y que aunque existe la creencia de que se nace con esta facultad (todos conocemos personas que cautivan, que convencen, que enganchan cuando hablan), estoy convencida que es también una habilidad completamente desarrollable. Saber  transmitir mensajes claros, que lleguen al corazón de nuestro interlocutor y que sean fieles a lo que pensamos y/o sentimos, son para mí la combinación ideal para comunicarnos bien. Si nos enfocamos en trabajar cada uno de estos aspectos, podremos mejorar nuestros procesos comunicativos. 

Los mensajes claros, según mi perspectiva, son aquellos que contienen lo que tienen que contener, ni más  ni menos, que se han adaptado de alguna manera a quien los escucha y que, ni deja por fuera ningún detalle, ni se pierde en un mar de datos innecesarios. Lograr un equilibrio entre adaptarme a quien tengo en frente y en decir todo lo que es importante en ese momento.
Llegar al corazón del que nos escucha es lograr ser comprendidos realmente por éste; porque la parte cognitiva puede quedar cubierta con un mensaje claro (también dependerá de qué tan bien escuche el receptor del mensaje) pero  no podemos olvidarnos de la parte emocional, que estará presente en mayor o menor medida. Somos seres emocionales y esta condición está presente durante nuestra cotidianidad, pero según la situación, la intensidad emocional variará. Esta parte de cualquier mensaje considero que es fundamental ya que contiene información valiosísima, pues da mayor sentido y humaniza lo que se comunica. En este aspecto particular, la comunicación no verbal juega un papel fundamental; a través de nuestro rostro, nuestros gestos, nuestra postura corporal, nuestra voz, damos apoyo y coherencia a lo que transmitimos.
Por último, la lealtad a lo que pensamos es lo que nos va a hacer sentir que honramos nuestra persona mientras nos comunicamos, porque somos capaces de transmitir nuestro pensamiento sin transformarlo ni adulterarlo. Pero cuidado, este aspecto requiere un grado importante de asertividad, porque ser leales a nuestros pensamientos no implica que salgan de cualquier manera, sino que salgan de la mejor manera; nos interesa que nuestro mensaje llegue,  fiel a su concepción, que me honre como su dueño y creador y que a la vez, sea transmitido de una forma respetuosa para con mi interlocutor.

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