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Metas, aprendizajes y cambios

Reflexiones sobre estos tres pasos en el proceso orientado hacia el crecimiento personal

En esta primera entrada quiero hacer referencia a las tres palabras que le dan nombre a este espacio. Profundicemos un poco en la esencia de lo que significan y en el orden que les he dado. travel maps . Las he colocado así, partiendo de la idea que las personas, en sus diferentes etapas a lo largo de su existencia, repiten un proceso constante que podemos resumir en tres pasos: en primer lugar, se establecen una meta, a continuación y durante el subproceso de consecución de esa meta, adquieren nuevos aprendizajes y por último, generan un cambio, que está directamente relacionado con el logro de la meta definida al inicio del proceso. Estos serían pasos lógicos de lo que representa un proceso orientado hacia el logro de algo que contribuirá en el crecimiento personal de un individuo. Pero, ¿estamos conscientes de su impacto? ¿Nos hemos detenido a analizar qué significan? ¿Cómo se relacionan estos tres pasos?


A las metas las podemos llamar de diferentes maneras: objetivos, propósitos, intenciones, sueños, anhelos; éstas nos permiten dirigir (no en sentido imperativo, sino en relación a su dirección) nuestras acciones, dándoles sentido y orientación. Cuando queremos lograr algo, en mi opinión, lo ideal es que tengamos claro qué es eso que se quiere lograr dándole forma y ¿cómo le damos forma?, ubicándolo en un contexto situacional real, específico y con temporalidad, determinando el impacto que tendrá en nosotros y en nuestro entorno, conociendo nuestro grado de motivación y compromiso con el logro, y sobretodo, entendiendo que la meta nos pertenece, es nuestra. check links Al hacer que la meta sea nuestra, y permítanme que ahonde un poco en esto, la podemos llegar a entender como una contribución para lograr crecimiento y evolución como personas, que creo es una aspiración bastante común y loable; en otras palabras, la podemos relacionar con nuestra “meta máxima” en la vida, entendiendo y concientizando “para qué” la queremos lograr. Entender el “para qué” de lo que nos proponemos, potencia de forma sustancial nuestras ganas de lograr lo que nos hemos propuesto.
 
A continuación nos encontramos los aprendizajes, no refiriéndonos únicamente a los que se incluyen en entornos académicos y/o profesionales, sino también a aquellos inmersos en un sinfín de situaciones presentes en nuestra cotidianidad, que nos enseñan cosas; “cosas” que pueden llegar a ser hábitos, actitudes, creencias y que las incluimos, según nuestro criterio, en nuestras maneras de ser y de actuar. La pericia de determinar qué aprender o qué no, se desarrolla de manera innata en muchos casos, pero en muchos otros, hay que hacer un alto y analizar lo que queremos, necesitamos o decidimos aprender de una situación o de otra. domain names Cuando nos hemos propuesto una meta y le hemos dado forma iniciamos de forma inmediata un camino de aprendizajes que nos permitirá encausar esfuerzos y acciones hacia el logro de esa meta. Es importante acotar que así como se adquieren aprendizajes también se dan subprocesos de “desaprendizaje”, y que me perdone la RAE porque la palabra no la contempla como válida, aunque si “desaprender”. La acción de desaprender es, según mi criterio y mi experiencia, mucho más compleja que la de aprender aunque, en definitiva, necesaria en innumerables casos donde por ejemplo necesitamos primero desaprender a hacer algo para aprender a hacerlo de una forma diferente porque como lo solíamos hacer ya no nos funciona o consideramos que ya no nos es útil.
 
Por último tenemos el cambio. Este vocablo forma parte de la jerga común global; es como lo inminente, lo necesario, lo normal. Cambiar. Nos movemos en un mundo del que se suele decir que es “cambiante” y cambia porque nosotros, los seres humanos, cambiamos. Esto puede sonar un poco “rollo”, pero al final es pasar de un estado a otro, dejar de hacer algo para hacer otro algo, ser una cosa para ser otra… puff, ¿es lo mismo?, ¡no! Podrá ser cualquier cosa pero el cambio no es nunca “lo mismo”. El cambio se va a generar una vez que ya sabemos qué queremos (meta) y cómo lo vamos a lograr (aprender – desaprender); será la perspectiva o el criterio del individuo lo que determinará si el cambio es positivo o si, según el mapa mental de la persona, ese cambio lo encamina hacia su desarrollo personal. El cambio es como la guinda del pastel, y vaya guinda, que si no está presente el pastel no es un pastel; todos los ingredientes que se usaron se han desperdiciado. Podríamos cuestionar esto diciendo ¿la guinda del pastel no sería el logro?, pues claro que sí pero el logro trae cambios y si el cambio está precedido de una meta inicial y una sucesión de aprendizajes, el cambio es un logro en sí; o dicho de otra manera, la guinda es el cambio que queríamos lograr.
 
Concluyo usando otra metáfora, esas maravillosas herramientas que nos permiten ver realidades de forma sutil y desde el mundo que cada uno tiene dentro: El cambio es el cierre magnífico del espectáculo cuyo primer acto fue establecer nuestra meta (sin olvidar el “para qué” queremos lograrla), seguido del acto donde decidimos emprender nuestro camino para aprender o desaprender, y que nos permitirá sentir que hemos evolucionado como personas.

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