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Cuando estamos motivados…


Motivación: estímulo, dirección y soporte 

 
En la actualidad, el término “motivación”, además de ser archiconocido y estar un tanto trillado, sobretodo en el mundo empresarial, es también un aspecto fundamental en el logro de cualquier meta que nos propongamos. 
 
Definiciones de motivación podríamos encontrar muchas. Voy a utilizar una que vi hace poco y creo que resume bastante bien el significado en cuestión: “La motivación es el estado que excita, dirige y sostiene el comportamiento”. Profundicemos en cada uno de estos aspectos.

Cuando hablamos de que la motivación “excita”, nos referimos a que juega un papel  estimulador (tal y como sucede con las neuronas de nuestro sistema nervioso); es como si al decidir actuar, las personas sienten la necesidad, viva y activa, de lograr su objetivo (responder al estímulo), desde el objetivo más sencillo al más complejo.

 

En cuanto a dar “dirección” a los comportamientos, podemos decir que es la motivación la que encausa el camino, contribuyendo de forma determinante en que lleguemos a nuestro destin. Es como, si me permiten la metáfora, las riendas de un tren donde, según hacia dónde se dirija el tren, se cambiaran los rieles para asegurarse que vaya hacia donde tiene que ir y minimizar los riesgos de que llegue a otro destino o, en el peor de los casos, se consiga con otro tren de frente, lo cual sería catastrófico.
 
Por último, pero no menos importante, cuando estamos motivados sentimos que vamos moviéndonos hacia nuestro objetivo pero sostenidos por algo, ese algo es lo que nos motiva. Como cuando vamos en un coche; tenemos un destino y nos vamos moviendo, pero no vamos en el aire, vamos en el asiento siguiendo la ruta que corresponda… 
 
Así funciona la motivación, nos excita, nos empuja, nos guía, nos conduce y nos mantiene en marcha.
Cuando estamos motivados tenemos:
 
  • Claridad y firmeza
  • Confianza y esperanza
  • Valentía y perseverancia
  • Convicción y objetividad
 
Busquemos conectarnos con nuestras motivaciones en todo lo que hagamos, basando siempre nuestros motivos en la esencia de nuestra razón de vivir, el “para qué” de nuestra existencia. Así, tendremos motivos fuertes y robustos, difíciles de amilanarse ante las adversidades y que nos proporcionarán certeza y coherencia en nuestros actos, en nuestro día a día.
 
“El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive” F. Dostoievsky

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